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Lo que deben saber los padres sobre premiar el esfuerzo y buen comportamiento de sus hijos

La idea de premiar a los niños por su buen comportamiento ha sido objeto de controversia. Pero, ¿qué dicen los estudios?

¿Debe mi hijo recibir una recompensa por limpiar su habitación? ¿O por recoger la mesa? ¿O por compartir los juguetes con su hermana, por hacer los deberes o por leer un libro?

Ya sea que tus hijos sean pequeños o adolescentes, seguro alguna vez te has preguntado algo parecido. La idea de recompensar a los niños por su buen comportamiento ha sido muy criticada: Nos han dicho que darles recompensas acabará con su motivación. Se centrarán demasiado en los objetos materiales. Los hará perezosos, e incluso manipuladores. ¿Quién quiere que pase eso?

Pero como padres de familia, también necesitamos herramientas eficaces para moldear el comportamiento de nuestros hijos. Es bonito pensar que la lógica atraerá a un niño pequeño para que juegue bien o motivará a un adolescente para que estudie. Pero cualquiera que haya intentado cambiar el comportamiento de sus hijos solo con palabras sabe que es más fácil decirlo que hacerlo. Entonces, ¿qué pueden hacer los padres?

Resulta que los estudios sobre el uso de incentivos para niños no son tan claros, y el temido "soborno" podría haberse llevado una mala reputación innecesariamente. No estamos diciendo que le debes pagar a tus hijos por cada cosa que hagan. Pero los incentivos no tienen por qué ser cosas grandes ni caras y, cuando se utilizan de forma eficaz, pueden ser elementos útiles en la caja de herramientas de los padres de familia.

Esto es lo que debes saber sobre el uso de las recompensas:

  • Las recompensas sirven para crear nuevos hábitos. Si se hacen bien, los sistemas de recompensa funcionan tentando a tu hijo a adaptar su comportamiento hasta que el nuevo comportamiento se vuelva normal. Con el tiempo, tu hijo empezará a experimentar los beneficios naturales de ese comportamiento y dejará de recibir recompensas.
  • Gran parte de los estudios sobre incentivos se ha interpretado erróneamente. Varios estudios a gran escala sobre incentivos se han utilizado para respaldar la idea de que los sistemas de recompensa son perjudiciales para los niños. Pero, como explica este artículo, estos estudios no son tan aplicables a padres de familia como solíamos creer. En primer lugar, los estudios utilizaron actividades que los sujetos de la investigación ya encontraban agradables. La mayoría de nosotros no premiamos a nuestros hijos por las cosas que les gustan hacer, porque, bueno, ya les gustan hacer esas cosas. Otro estudio examinó los resultados del comportamiento después de recibir una recompensa una vez. Pero como los sistemas de recompensa funcionan cambiando los hábitos a lo largo del tiempo, es muy poco probable que una recompensa en una sola ocasión tenga un efecto positivo.
  • Hay prueba de que los incentivos pueden ser buenos motivadores para el trabajo escolar, pero deben estar vinculados a otros apoyos. Por ejemplo, un estudio sobre los incentivos económicos para los estudiantes de los cursos avanzados AP demostró que los incentivos aumentaron el número de estudiantes inscritos en los cursos AP. Pero en el experimento, las recompensas de dinero estaban vinculadas a recursos adicionales, como tutores, que apoyaban a los estudiantes, y los profesores también recibían recompensas monetarias por el rendimiento de sus alumnos.

  • La relación positiva de los padres de familia con sus hijos es importante. No queremos decir que las recompensas sean una parte imprescindible en la crianza de tus hijos. Puede que los incentivos no sean adecuados para tu familia. Pero sabemos que las relaciones positivas entre padres e hijos pueden influir en el comportamiento de los niños, y las investigaciones demuestran que las recompensas pueden formar parte de esas relaciones. Al fin y al cabo, hay muchas ocasiones en las que tenemos que moldear el comportamiento de nuestros hijos. (Es parte de nuestro trabajo como padres, ¿no?) Así que, para muchos de nosotros, un sistema eficaz de recompensas por buen comportamiento, en lugar de consecuencias por mal comportamiento, es una herramienta importante como padre de familia.

Estas son 5 estrategias para utilizar las recompensas eficientemente:

1

Cuando se trata de tareas escolares, hay que enfocarse en el esfuerzo, no en los resultados.

La cuestión de si hay que premiar a los estudiantes incluyendo, en algunos sistemas escolares, dinero en efectivo, por sacar buenas notas o salir bien en los exámenes es complicada. Los estudios al respecto muestran resultados dispares. Pero también sugieren que hay formas más y menos eficaces de estructurar un incentivo relacionado con la escuela. Es más probable que los estudiantes respondan positivamente a una recompensa si sienten que tienen cierto control sobre si la ganan o no. Por eso, si tu hijo no quiere estudiar para el examen de inglés y quieres motivarlo, por ejemplo, vincula la recompensa al tiempo de estudio, no a la nota final.

2

Aprovecha el momento oportuno.

Los estudios demuestran que los incentivos pierden su valor si se ofrecen con retraso. En otras palabras, para que una recompensa funcione, tiene que estar fresca en la mente del niño cuando se le pide que ajuste su comportamiento. De hecho, un estudio sobre el impacto de los incentivos monetarios y no monetarios en el rendimiento de los estudiantes en los exámenes demostró que los estudiantes obtenían mejores resultados cuando podían mirar su recompensa mientras realizaban el examen.

3

Elige recompensas que sean significativas para tu hijo.

Una recompensa no tiene por qué ser grande, pero debe cumplir tres criterios básicos: que a tu hijo le interese, que sea económica y que a ti no te importe repartirla con regularidad. Tampoco tiene por qué ser un objeto material. Puedes elegir leer un cuento más a la hora de dormir, unos minutos adicionales de tiempo de pantalla o una salida al parque después de la escuela. Todo está en cómo lo mires.

4

Haz que sea fácil ganar las recompensas, pero ve incrementando el objetivo.

Especifica el objetivo para que tu hijo sepa exactamente lo que tiene que hacer para ganar una recompensa. Al principio debe ser muy fácil, sobre todo para los niños más pequeños. No deberían tener que esforzarse demasiado para conseguir esa primera muestra de éxito. A medida que el comportamiento se normaliza, puedes ampliar el objetivo para hacerlo más exigente.

5

No todo tiene que tener un incentivo, enfócate en los comportamientos que realmente quieres cambiar.

Te hemos oído preguntar, ¿incentivar las tareas escolares le quitará la alegría al aprendizaje? ¿Ofrecer recompensas por jugar con un hermano pequeño les robará el sentido del compromiso familiar? En última instancia, esa es una decisión personal de cada familia. Y solo tú puedes decidir con qué te sientes cómodo en tu propia casa. Pero si quieres ofrecer esa recompensa, no te preocupes demasiado: Los estudios sugieren que, cuando se utilizan con moderación y eficacia, las recompensas pueden tener un impacto positivo en el comportamiento de los niños, sin convertirlos en pequeños monstruos que esperan un cheque por coger un libro.